Jornada de ESI con un grupo de scouts , por Victoria Patrito

 En el marco del aniversario número 50 del Instituto de la Máscara, somos convocados a pensar especialmente en el psicoanálisis. Vaya anhelo. Quisiéramos contarles de la reciente jornada de Educación Sexual Integral que llevamos adelante en el grupo de scouts “Sagrada Familia”, ubicado en Pompeya. Nos guiará una pregunta que personalmente reitero con frecuencia y afortunadamente me encuentra con muchos otros: ¿por qué hacemos lo que hacemos? 


Somos convocadas a coordinar el espacio de cuatro grupos de diferentes edades. 

Pocos días antes de la fecha pautada, nos encontramos quienes confirmamos querer participar y Camila -quien se presenta como coordinadora en el grupo de scouts- comparte con nosotras algunos detalles relevantes con los que podríamos encontrarnos. Menciona edades, aspectos de personalidad y dinámicas para comenzar a interiorizarnos. Anoto la palabra “lema”. 


El sábado en cuestión llego al espacio propuesto. Es un día espectacular y soleado, de un final atareado de un año complejo. Comprendo dónde está la entrada porque escuché la voz de Silvia 

(Me gusta este detalle porque Silvia también es quien hace unos años alojó mis inquietudes del trabajo con infancias y con quién nos propusimos acercarnos a nuestros interrogantes desde el psicodrama).

Mi estado de ánimo es de entusiasmo por conocerlas y expectante por lo que ocurra en esta propuesta: no conozco a los chicos que componen el grupo a coordinar y tampoco conozco a mis compañeras más que por referencias de otrxs. Empiezo por acá porque creo que ahí está la potencia de lo que venimos a trabajar. Al fin y al cabo venimos a dejarnos afectar. Todo nuestro bagaje sensible es con el que -y quizás a pesar del que- intentaremos hacer posible el encuentro y que el grupo cree sus propios saberes.


Unos días antes hubo un encuentro virtual. Reconozco entonces las caras de quienes esta tarde serán mis compañeras. No sabemos cuánto tiempo se extenderá ni hay una planificación muy precisa. Pero sí que con varios de nuestros gestos cuidamos fervientemente lo que sucede. Cada una llega con una forma de estar particular a sí misma pero también con la disposición de hacer y de sostener espacios donde emerja lo singular de cada unx y donde circulen múltiples saberes. Para eso, nos entregamos a una organización singular y nos aproximamos con propuestas que sean terrenos fértiles para la creación 


En esta jornada nos proponemos abordar la Educación Sexual Integral, especialmente en los ejes del cuidado y el consentimiento. Creo que nuestra pedagogía comienza en leer los entramados vinculares y afectivos que nos sostienen y entender que estos hacen posible la experiencia sexual, vital y única de cada unx. Por eso este texto empieza por mí.

A todo esto ¿A qué iba con el psicoanálisis? Quizá sostengamos la pregunta y me ayude citando al cineasta chileno Raul Ruiz cuando dice: "En eso, mis amigos, consiste nuestro arte: en irse por las ramas, derecho a lo esencial".


Al ingresar sé que coordino (o que coordinaré) con Julieta, días antes intercambiamos algunos audios y textos breves por WhatsApp. A priori me transmite serenidad. No la conozco pero sé que ella ha probado algunas dinámicas con grupos de niñxs en las escuelas donde trabaja. Y también que ha preparado material tomando en cuenta las consignas que le propuse el día anterior como disparates y que ahora son acompañadas por su lectura y escritura. Llego sobre la hora, Juli me acompaña al espacio que nos han propuesto y al recorrer los límites de la institución dice “no me gusta mucho pero es el espacio que hay”. 

Nuestra práctica entonces comienza, casi como en una atención flotante, asignándole valor a las ocurrencias y entramándonos dentro de marcos institucionales que tienen carácter de real y de dispositivos que contienen nuestro texto.  


Minutos después estamos desplegando nuestras pertenencias en un rincón del suelo. Se acercan los coordinadores del grupo, se presentan y nos ofrecen una silla para apoyar. Después de negarnos y proponernos resolver con lo que nombramos como “nuestro estilo comunitario” -o una forma coqueta de decir que solemos trabajar en la precariedad- reparamos que algunos de los chicos del grupo están tomando mate en unos escalones ahí cerca. Son alrededor de diez, hay varios mates armados y algunos circulando. Hay una especie de ronda aunque la mayoría de ellxs están parados, se mueven con precisión y con vehemencia. 


Nos acercamos para presentarnos. Lo reciben con un silencio respetuoso. A medida que nos acercamos más, elegimos sentarnos a la altura de donde se encontraban dispuestos. Escucho a Julieta y ella me escucha a mí ¿qué elegimos presentar y presentarnos? Conservo la duda. Más allá del rol que nos convoca y del mundo sensible que motorice a cada una hasta aquí, nuestro discurso se desarrolla acotado y sincero. Confío en nuestra clara intención de no obturar nuestra escucha. Creo en el espíritu psicoanalítico de abstenernos y privarnos de encontrarnos con lo que sabemos. 


Incentivados por la coordinadora, cada unx de los chicos se presenta refiriendo su edad y grado al que asiste. Hay onomatopeyas al escuchar las presentaciones de cada unx. Alguien dice “y me gusta Messi” aunque no sea parte de la consigna inicial, brindándonos la ampliación de la misma y cambiando el juego. Cedemos el control. 


Durante una primera actividad, los adolescentes se van acercando a medida que circulan las consignas. La propuesta es cambiarse de lugar si se sienten identificados con lo que leen. Nuestro objetivo es el caldeamiento, aunque luego se transforma en acompañar esta ronda que se vuelve cada vez más acogedora. Es cada vez más claro que acá venimos (motorizadas por las diversas formas que toma el deseo) pero a corrernos de nosotras en pos de otro. A posibilitar y cuidar que el grupo sea. 


En dos consignas más, los mismos chicos están ahora jugando a ser muñecos moldeables y a sacar falsas fotografías. Se acompañan con elementos que llevamos, se ríen, se preguntan por la comodidad, se piden tímida o expresamente aquel movimiento que prefieren habitar. 

Después de esto, salen a caminar con los ojos vendados y siendo cuidados por alguien más. Algunos abrazan, otros aceleran el paso. Hay quien habla durante todo el recorrido y quien frena para jugar, sin sacarse la venda de los ojos, al piedra-papel-tijera con alguien más. Hay infinidad de movimientos, todos se dispersan por el patio de la institución -ahora los márgenes concretos y simbólicos que nos contenían se amplían un poco.

Aquí como coordinadoras sólo podemos contemplar lo que sucede ¿Cómo íbamos a trabajar el cuidado si no era haciéndolo cuerpo?


Entonces de a ratos me hago a un lado (como el deseo del analista), observo con cierta distancia las escenas y las registro. Se vuelve perceptible en los chicos el ánimo por aprender algo nuevo. Algunos habían llegado con cuadernos, otros con la creencia de que estábamos allí para impartir una clase. 


Ahora pienso en el lazo transferencial que me une con el Instituto. Yo también llegué con algo para anotar teorías pero me fui con la práctica pegada en el cuerpo, quizá -y en el mejor de los casos- también como el grupo de scouts. 




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