Las prácticas grupales terapéuticas, por Ana Garay. Psicologa Social. Directora del Hospital de Día Espejos Cruzados
El ser humano es un sujeto social: “no hay
nada que no sea
la resultante de la interacción entre
individuos, grupos y clases”.
Este sujeto se constituye a partir de estructuras,
tramas vinculares,
que transcienden su subjetividad,
de las que es portavoz.
E. Pichon-Rivière
Estas prácticas se inician a principios del siglo XX, en
el periodo de entreguerras, fundamentalmente aplicadas por psicoanalistas. El
auge más significativo de las mismas se dio en algunos países de Latinoamérica,
a mediados de la década de los 50, cuando Pichon-Rivière, fundador de la
Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), crea y desarrolla la teoría de los
grupos operativos para el campo psiquiátrico y psicoanalítico. También se
sumaron otros autores: Grinberg, Langer y Rodrigué, compañeros de
Pichon-Rivière en la APA.
Posteriormente, las prácticas grupales sufrieron un repliegue importante
como efecto de las diversas dictaduras instauradas en la región. Algunos
profesionales argentinos tuvieron que tomar el camino del exilio, entre ellos, Armando
Bauleo, Hernán Kesselman, Pacho O'Donnell y Tato Pavlovsky.
Las
psicoterapias psicoanalíticas de grupo tuvieron momentos de desarrollo y de retroceso,
en función de los momentos sociales e históricos, de la episteme del territorio
y de los intereses de las instituciones psicoanalíticas y de sus profesionales.
Conocidos son los prejuicios respecto a la psicoterapia de grupo, algunos
claramente manifiestos, como la negativa de Melanie Klein a Wilfred Bion
cuando le mostró su interés por las
terapias grupales.
Las
resistencias del mundo psicoanalítico a lo grupal fueron diversas. Se proponía
el tratamiento grupal como una estrategia terapéutica de segundo nivel. En los
años 80, la introducción de estrategias grupales terapéuticas fue esencial para
el nuevo modelo de psiquiatría y psicología comunitaria que se planteaba en el
documento de la reforma de la asistencia psiquiátrica y de salud mental de
nuestro país.
En
la actualidad, la validez del grupo como instrumento terapéutico tiene mayor reconocimiento,
pero es insuficiente; y muchas veces se la piensa como drenaje estratégico para
descomprimir la demanda de tratamientos, descomprimir las agendas.
Bauleo
nos relataba su experiencia italiana y afirmaba que los grupos habían posibilitado
el cierre de los manicomios, promovido por la Ley 180. Constataba que eran
instrumentos facilitadores del cambio, pero que a su vez evidenciaban las
resistencias de los pacientes y de los profesionales a la
desinstitucionalización; afirmación que sigue vigente.
El
término “clínica grupal” nace en Madrid, en 1974, como un espacio de reflexión
teórico-práctico sobre el campo de la salud y la enfermedad mental. Aparece por
primera vez en el título de un libro de Pavlovsky que recoge diversos trabajos
grupales que tienen en común el conflicto psicológico. El
proyecto común era delimitar una clínica grupal, fruto de la convergencia de
pensamientos analíticos freudianos, de grupo operativo y de psicodrama.
¿Qué es la
clínica grupal?
El
término “clínica grupal” se refiere a un modo innovador de entender la clínica
de los sujetos, los grupos y las instituciones en los Servicios de Salud Mental
(SSM). Se fundamenta en la teoría grupal de Pichon-Rivière, de base
psicoanalítica y su escenario de intervención es el grupal.
Es
un enfoque terapéutico que focaliza en la interacción de las personas entre sí
permitiendo un posible abordaje de problemas psicológicos y emocionales. Se
enfoca en las redes de relaciones que se desarrollan dentro del grupo para
facilitar el cambio y la resolución de conflictos.
Nos
permite reflexionar acerca de las condiciones, factores y mecanismos que
intervienen en el proceso de un grupo para que éste opere como agente
terapéutico y de cambio subjetivo.
Es sin duda un desafío,
porque trasciende la mirada de lo grupal como el “lugar
donde se reúnen personas a hacer algo”, convocadas a distintos “talleres de…”.
Volver al útero
Nacemos
en el útero social que es la familia. Es nuestro primer grupo y, por ende, el
grupo de referencia de cada uno. Es también justamente ahí, donde Pichon sitúa
su teoría de la enfermedad única, TEU, la de este sujeto que emerge de esa
trama familiar como portavoz de la misma. La teoría de la enfermedad única
según Pichon Rivière sostiene que “toda psicosis se inicia con una depresión” y
que la estructura melancólica es la “única enfermedad” donde todas las otras
estructuras son intentos del yo para deshacerse de esa situación depresiva
básica.
Situar
ese primer grupo es importante para poder pensar en este dispositivo grupal
como lugar de alojamiento a las personas que renacen en un diagnóstico de SM.
Se nos abre la pregunta: ¿cómo fue el embarazo familiar?
Situar
las dinámicas conductuales que se van dando entre los que comparten ese
espacio, leyéndolas desde la historicidad de los sujetos, influye en el
desarrollo individual en el entramado de ese campo.
Poder
hacer una escucha activa y diferenciada es la puerta de entrada a la
comprensión de los procesos inconscientes en el interactuar de las conductas de
unos con otros. La proyección de sentimientos, las identificaciones, las
transferencias, etc. van a ir haciendo que el grupo construya su identidad
proporcionando un escenario de esperanza, sentires que se van compartiendo,
experiencias, relatos de sus historias, etc. propiciando los nutrientes para el
desarrollo de habilidades sociales en el andamiaje de diferentes propuestas del
arte promoviendo un aprendizaje interpersonal.
La
clínica grupal combinada con las terapias individuales y con psicofármacos en
nuestra población es la estrategia que elegimos para nuestro servicio de
hospital de día.
¿Cómo implementamos la cínica en espejos?
Pichon
dice que la psicología social estudia al ser humano “en situación”, esto nos
enfoca ante el sujeto y su red, no al ser humano individual, de este se ocupa
la psicología. Tampoco se ocupa de los grupos o sociedades como objetos
colectivos, porque de esto se ocupa la sociología.
Desde
esta concepción partimos.
Pichon
tuvo un interés particular en el arte y su relación con la psique humana.
Exploró la conexión entre la creación artística y la salud mental, así como el
rol de la creatividad en la transformación personal y social.
Desde
ese posicionamiento tomamos el Arte como herramienta de comunicación, la
Creación Artística como una forma de comunicación no verbal, una manera de
expresar emociones, experiencias y conflictos internos. Ese es nuestro recurso
terapéutico.
No
buscamos artistas. Alojamos a los sujetos con sus padecimientos y, copensando
con ellos, tratamos de que a través de la palabra mediatizada por el arte puedan
ir siendo protagonistas de sus historias. Así, en un acompañamiento entre todos,
van dando lugar al proceso subjetivo anudándose entre ellos y entre ellos y el
arte en las diferentes expresiones, aliviando de alguna manera el sufrimiento y
dando paso a cierto bienestar emocional.
El
arte como una forma de transitar la Salud Mental, trasgrediendo los
diagnósticos y trascendiendo la pasividad del sujeto. Acompañándolo a un
protagonismo activo, motor de un cambio social, operativizando un escenario de
transformación posible para la conciencia crítica.
La
importancia de la experiencia de cada uno y la creación artística en un enlace,
entendiendo que el despliegue artístico es un reflejo de la subjetividad de
cada uno, forman los rieles por donde la creatividad se visibiliza en las
conductas comunicacionales de nuestros usuarios.
El
arte permitiendo que salgan del corsé de las conductas estereotipadas, de la
frustración por la discriminación y la segregación… El arte como encuentro… El
arte del encuentro.
El
desafío de inscribir la clínica grupal y el arte en un espacio público con un enfoque holístico donde en un complejo proceso
en el que se involucran la mente, el cuerpo, la experiencia y la episteme del
momento, el contexto social y sus discursos del orden, desplegamos nuestras
intervenciones corriéndonos del pensamiento binario, los diagnósticos e
interpelando al sentido común, planteándonos sin duda, una perspectiva
innovadora que se va transitando día a día, enfatizando la dinámica del grupo y
potenciando a los sujetos que los componen.
En
relación al eje heurístico que proponemos, se promueve una visión crítica,
fundamentada teóricamente y con base en experiencias desde la interdisciplina.
Y en relación al eje axiológico, es fundamental en esta experiencia analizar la
posición ética de los profesionales frente a las motivaciones grupales, y a la
comprensión de la dimensión del deseo y las necesidades humanas en cada sujeto
y grupo con el que se interviene.
Cuando
empezamos en Espejos lo hicimos con dispositivos de ‘talleres’. Esto funcionó
como el mito fundante de una experiencia grupal diferente.
Y
fuimos, en el enseñaje, recopilando saberes plebeyos –al decir de Ana María
Fernández–, y hoy estamos en otro lugar.
Nos
dimos cuenta que pensar en talleres, era permanecer en compartimientos
estancos. Y que algo que en los inicios nos fue útil, luego se nos fue
transformando en un obstáculo en detrimento de nuestros participantes. Creando
implícitamente un sistema de postas que compartían el espacio, pero no daba
cuenta de los procesos subjetivos en relación al encuentro con los otros y
posicionaba al equipo en el objetivo del taller que acompañaban y no en el
sujeto de su acompañamiento. De este modo, los talleres resultaron espacios
catárticos, disociados de las demás propuestas, perdiendo la direccionalidad de
nuestras intervenciones.
Hoy estamos
trabajando para lograr una mirada superadora, siguiendo con los lenguajes del
arte, comenzamos a implementar la Clínica Grupal Operativa (CGO).
Esta
experiencia innovadora, focalizada en la heterogeneidad del yo grupal,
mediatizada por técnicas de arte, trasciende lo puramente teórico permitiendo
dar cuenta de esa relación singular de cada uno con su obra, de naturaleza
sensible, emocional, promoviendo un bienestar subjetivo.
Por
otro lado, lo que la obra produce en los otros los espectadores –puede gustar o
no–, carece de importancia; lo indiscutible y relevante es que moviliza en una
libre asociación de sentires.
La
creación se pone en juego, produciendo el despliegue dinámico que potencia el
protagonismo, no de los artistas, sino de los participantes y sus historias,
descubriendo y potenciando copensando con ellos sus habilidades.
La
clínica grupal como dispositivo de abordaje, los lenguajes del arte con sus
técnicas, la empatía como ejercicio de alojamiento a lo vincular, tejen en
nuestro servicio la trama que propicia, por un lado, el análisis para las
estrategias de acompañamiento a cada uno de nuestros participantes en un clima
de confiabilidad para su transformación y crecimiento personal. Y por el otro, el grupo como espacio
terapéutico seguro de alojamiento en el abordaje de la Salud Mental.
Dejar
de trabajar desde la concepción de taller nos permite hacerlo desde la lectura
de emergentes, tarea en la que la direccionalidad del hospital de día es
potenciar el escenario de apoyo en las interacciones vinculares, propiciando un
escenario posible para nuestra mayor obra que es el arte del encuentro.
El
equipo desplegara sus conocimientos sobre
lo grupal, aplicando técnicas desde los diferentes marcos disciplinares de cada
uno, en un encuadre de respeto y responsabilidad.
La
lectura interdisciplinaria atraviesa nuestras intervenciones, nos confronta e
interpela en virtud de posibilitar la comprensión de las diferentes estructuras
psíquicas del Sujeto en situación, en el paradigma biopsicosocial.
La
CGO incluye la subjetividad e intersubjetividad en la psicopatología, propone
la mirada vincular y grupal y plantea estrategias psicoterapéuticas de mayor
complejidad, teniendo como núcleo central la teoría psicoanalítica y la
convergencia de grupo operativo pichoneano y del psicodrama moreneano, en un
nuevo modelo grupal psicosocial para la comprensión de los procesos de
salud-enfermedad mental… En ese escenario estamos.
REFERENCIAS
1 Pichon-Rivière E. El proceso grupal, del psicoanálisis
a la psicología social. Buenos Aires: Nueva Visión, 1975. [ Links ]
2 Grinberg L, Langer M, Rodrigué E. Psicoterapia del
grupo: su enfoque psicoanalítico. Buenos Aires: Paidós, 1957. [ Links ]
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en psicología social y comunitaria (1970-1995). Tesis doctoral. Madrid:
Universidad Autónoma de Madrid, Departamento de Sociología y Antropología
Social, 1999. [ Links ]
4 Foucault M. El nacimiento de la clínica. Buenos Aires:
Siglo XXI, 2004. [ Links ]
5 Pavlovsky E. Clínica grupal. Buenos Aires: Ed.
Búsqueda, 1974. [ Links ]
6 Bauleo A. Lo Grupal 6. Buenos Aires: Ed. Búsqueda,
1988. [ Links ]
7 Bauleo A, Duro JC, Vignale R. La concepción operativa
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8 Gómez Esteban R. Grupos terapéuticos con pacientes
psicóticos en los SSM. En: Ingala A, Gómez Esteban R, Frère J, González Guillén
A. El malestar en la cultura. Libro de las II y III Jornadas de la Sección de
Psicoanálisis de la AEN. Madrid: AEN, 1992. [ Links ]
9 Ingala A, Frère J, Mansilla F, Melendo JJ, Rivas E. La
intervención psicoanalítica en la institución pública. Madrid: AEN, 1994. [
Links ]
10 Gómez Esteban, R. Psicoterapia psicoanalítica de grupo
en los trastornos límite de personalidad. En Gómez Esteban R, Rivas Padilla E.
El psicoanálisis en lo social y en lo político. Consideraciones sobre la verdad
y la mentira en sendos campos. La cuestión de lo público y lo privado. Madrid:
AEN, 2010. [ Links ]

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