"La escena telopsíquica" un cuento del libro "Cuaderno Siena" de Mario Buchbinder

 Retrospectivamente podría decir que la intención consciente del Dr. Tino había sido ingenua.  Entrar en el interior de la casa del profesor Hirum y saber a ciencia cierta, valga la expresión, cuál era la técnica que él utilizaba para analizar a los pacientes en la red Meganet era un tema que no podía soslayar. El modo de entrar era también vía red, pero de un modo particular.



Cuando al profesor se le preguntaba acerca de su método, se extendía en tediosas explicaciones. Claro que al público, especialmente a los arregladores de los circuitos de la mente, les parecía fascinante por los conocimientos que integraba y porque, pensaban, les estaba dando los fundamentos esenciales de su disciplina. 

El profesor Hirum exponía acerca de las bases teóricas de su método, especialmente de aquellos que se trababan y llevaban la compulsión a la repetición y  la pulsión de muerte.... Eran conceptos olvidados. Hirum los enunciaba como si los descubriera en ese momento. Parecía que hubiera conocido al fundador de esa disciplina, el profesor Freud.

 

Tino al caer él también en fascinación ante el profesor, se quedaba horas tras la pantalla recorriendo paisajes (landscapes), escuchando música, tratando de salir y de entender cuál había sido la atracción, cuál el misterio. Ese estado meditativo y un cierto enojo eran permanentes. Por eso cuando escuchó a su sobrino contar anécdotas de espionaje de la guerra del 2020, se sintió despertar de un largo sueño y encontrar el verdadero camino.

El “comando operativo central” de las fuerzas regionales del 2020 había desarrollado una técnica con la cual podía utilizarse cualquier pantalla encendida o apagada para entrar en el espacio y en la mente de los que estuvieran bajo su influencia. Permitía saber de antemano el juego del enemigo, la cepa del virus utilizado, los lugares precisos de las armas y, en fin, ganar la guerra. Contaban que al conocerse el virus que iban a utilizar las fuerzas invasoras, se supo inmediatamente su código genético, no sólo del ADN, sino también los componentes efraginosos, lo que permitió la rápida producción de vacunas y de gérmenes que sideraban y eliminaba al enemigo a las 48 horas de tener la información en las manos. Toda la población, no sólo los efectivos a cargo habían sido vacunados.

Tras la guerra, la última, la tecnología int home había sido prohibida. Claro que 20 años después, en el 2060, reencontrarla y recrearla no era para nada difícil. Podría decirse que era una tecnología obsoleta que había quedado en el tiempo, pero que era útil y de fácil “agiornamento”.

La cuestión es que, al ponerla en funcionamiento, Tino entró a través de la pantalla, encendida o apagada en la casa del profesor.

¿Por qué pensó que iba a encontrar el secreto de la técnica telopsíquica de los circuitos? ¿Qué estaba buscando?

Sin darse cuenta fue entrando no tanto en la intimidad de la técnica como en la intimidad de ese hogar. Juana era una hermosa mujer con la que el profesor Hirum se había unido 10 años antes, ex alumna, el casamiento la había asentado como mujer y lo había rejuvenecido a él. A tres años de casados, el profesor Hirum sacó a luz el revolucionario método telopsíquico por el cual la interacción en la red generaba una entropía negativa a través de sus intervenciones breves que se potenciaban y se expandían por todo el universo y producían efectos transformadores maravillosos. Se sabía que sus redes estaban pobladas por gente de todo el planeta e incluso de las estaciones orbitales y también en la permanente Selene.

Más que encontrarse en el interior de la técnica, Tino se fue encontrando e introduciéndose cada vez más en el interior de la pareja del profesor y su mujer, y de cada uno de ellos.

En las primeras conexiones, cuando había una pelea o una reacción amorosa, desconectaba el equipo y se quedaba mirando la pantalla en negro, pero luego fue participando, sintiendo las respiraciones, la excitación, los olores, los orgasmos. Frecuentemente, una pelea era continuada, resuelta, por una relación sexual.

Se daba cuenta de que había determinados gestos de ella que le atraían especialmente. El modo de colocarse y sacarse las medias. El peinarse, con esa mirada perdida. La morosidad de sus actos. Fue tomando partido por ella.

Su interés científico parecía haber quedado relegado. En una pelea pensó que de haber estado presente también le hubiera partido algo en la cabeza. Había dejado de tener admiración por el profesor. Se había transformado, por un lado, en odio hacia él y en una atracción por, la mujer del profesor. Podía mencionar este sentimiento no sólo como atracción, sino también como un amor hacia ella muy intenso, de tal manera que cuando ella le partió algo al profesor en la cabeza, no se sorprendió.

Las exequias fueron solemnes. La ceremonia fúnebre fue efectuada no sólo con el cuerpo presente, sino también por redes digitales.

Tino participó en primera línea en todos los homenajes, eso lo llevó a acrecentar sus vínculos con Juana. Nunca le dijo lo que sabía sobre el desenlace de su pareja, pero desde el primer momento, posterior a la muerte del profesor, una mirada de complicidad fue soldando la relación.

No duró mucho tiempo la confluencia de la soledad y el duelo.

¿El haber mirado lo hacía cómplice?

Tal vez más que la mirada, fue el silencio.

Pero no había compartido con nadie ese no decir. Tampoco con ella. Eran palabras que los desunían tanto como los unían.

Un caminar se transformó en un almuerzo, luego dormir juntos, luego compartir hasta que la convivencia los transformó en pareja estable. Tino no había tenido buenas experiencias cuando había convivido en pareja, pero como la seducción por ella era tan grande, se dejó llevar por ese deseo. Temió luego arrepentirse. Sabía que la pasión no era lo mejor para tomar decisiones. Fue a vivir a la casa donde ella había vivido con el profesor. Él quiso continuar con los trabajos de la red. Elena lo ayudó. Había un interés científico y también económico. Pero las dificultades técnicas y metodológicas le hicieron llegar a un plafond.

Una tarde en la que se encontraba trabajando en la red, percibió una interferencia extraña. Era ella que desde el dormitorio monitoreaba los recorridos y las dificultades de él. Lo tomaron a risa y ella con íconos, no con sonidos, le señalaba las posibles salidas a las dificultades. Con el paso del tiempo, él se fue apropiando de la red y del Método Telopsíquico, dando conferencias y talleres en todo el universo. Su prestigio había llegado a un tope. La pareja se había consolidado, pero a medida que crecía el poder y prestigio del Dr. Tino, aumentaba la agresión.

En una discusión, Elena agarró un jarrón chino, una antigüedad realmente, lo levanto con una energía que lo sorprendió y lo partió en mil pedazos en el borde de un escalón del living, muy cercano a la computadora en la que él y antes el profesor Hirum se sentaban.

La imagen se transformó en una en la que ella le partía algo en la cabeza y esta se fragmentaba en mil pedazos.

Él reconocía que ella le había transmitido aspectos importantes del saber del profesor Hirum, pero eso no alcanzaba. Tino no podía convencerse de que el saber no provenía del profesor sino de ella.

La agresión era el preámbulo al encuentro sexual. Era doloroso el primer término pero apasionante el segundo. Crecían en intensidad. Pensaba cual podía ser el límite a la agresión y a la sexualidad. El fantasma del profesor se presentaba en esos devaneos.

Jamás le dijo la escena que había visto en ausencia. Ese secreto no compartido le daba un cierto poder que, pensaba, podría utilizarlo en algún momento. En muchos orgasmos, y antes de estos, aquella escena cobraba mayor realidad. Deseaba decirle matame como a Hirum. Solo decía me matás.

Salir a la calle lo conectaba con otra realidad. Las estrellas conservaban la magia de los orígenes de la humanidad. El titilar en la noche oscura colmaba de paz.

La vía láctea seguía marcando un camino. La aparición de la primera estrella en el ocaso lo seguía emocionando como en su no tan lejana adolescencia.

Cuando le preguntaban por los secretos de la técnica, él se solazaba explicando los fundamentos: la compulsión a la repetición, la pulsión de muerte, el asesinato del padre, etc.

El público, especialmente los recuperadores de circuitos, quedaban fascinados.

 

Varias veces sentado a la pantalla sintió que lo estaban observando. Un calor tenue en el cuello, como si tuviera a alguien muy cerca, lo llevaba a darse vuelta, pero no encontraba a nadie.

La inquietud se acrecentó cuando pensó que se estaba repitiendo en la relación con Juana aquello que se había dado entre ella y el profesor. Pensó risueñamente que tendría que estar con casco. No obstante la ironía, se le erizaba el cuero cabelludo.

Trató de no darse vuelta al percibir esa sensación de ser observado. La noche anterior se había sentido más que enamorado, seducido por Juana, especialmente cuando ella se sacaba muy lentamente, con esa morosidad única, las medias y luego se peinaba acariciándose los cabellos. Él parecía adormecerse en la contemplación. Reflexionaba acerca de cómo podía combinarse esa imagen de tanta dulzura con semejante agresividad, parecida a la de una fiera. Pensó en un felino. De un momento a otro se transforma en un animal peligroso.

Las exequias del Dr. Tino se realizaron al día siguiente de su deceso. Fue una muerte brusca e inesperada.

En la multitudinaria ceremonia podía verse a su mujer acongojada y a su discípulo Ules, un hombre joven de un bigote muy recortado, de pelo oscuro, que parecía aún más dolido.

Las investigaciones telopsíquicas no se detendrían.


Pd: Este es un cuento que se escribió y publicó    entre 1994 y el 2000. Luego en un libro de la misma editorial: Un psicoanalista en 2050, bajo el nombre " Un fantasma recorre ...". Mas tarde con modififcaciones en Cuaderno Siena. Resulta llamativo que ya en ese cuento , escrito antes del 2000 se anunciara ficcionalmente una pandemia que ocurriria en el 2020

Imagen de la pelicula  Psicosis (1960) de Alfred Hitchcock

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